Fernando Sarano.
Sin título. 2018. Fotografía análoga.

El tiempo se detuvo y llegó hasta esa hora peculiar su estadía en este plano.

Las manecillas permanecen estáticas en un reloj de péndulo que por décadas no se detuvo, siempre impulsado, alentado por su dueño a no detener su paso, a nunca parar. Con constancia, él le recordaba que aun cuando envejecía el tiempo no se detenía y así como el tiempo no perdonaba su vida, él no perdonaba el recuerdo y lo fugaz que este mismo puede llegar a ser. El mando que siempre cobijó la casa con una tranquilidad indudable ahora es rasgado por un disturbio ajeno al cuál la casa vivió.

Las pinturas como legado nos observan y con ellas yo lo veo.


No sé para que publico, de todas formas no ves mis indirectas.

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