Subo a la azotea del edificio viejo donde vivo, esquivo con pericia sábanas, calzones y lazos. Desde la esquina del frente puedo ver la enorme y nueva construcción que nos va dejando sin agua y sin árboles, del lado derecho observo un espectacular anunciando la segunda temporada de la serie de Luismi y el segundo piso de Churubusco. Me dan ganas de escupir hacia Avenida Universidad; que loco verme caminando borracho desde arriba. Sí, la extraño. Su perfume y los berrinches que me hacía. Su carita modorra y los audios de buenos días.
Siempre quise encontrar alguien con quien brincar en los charcos, que compartiera mi alegría al gritar un gol desde la popular del estadio, que jalara a chingarse dos de suadero y un Boing, alguien que se pusiera borracha conmigo y se riera de mis chistes pendejos, con quien compartir metas y sueños, pero también alguien que supiera lo que es el espacio, vaya alguien que de vez en cuando escribiera pa’ decir que piensa en mí.
A veces me han dado ganas de buscarla, de vez en cuando veo memes que me gustaría compartirle.
No le he mandado postales, y no quiero que nadie sepa que cambié la casita que tenía entre sus piernas por un hotelito en la chingada.