Hace un año justamente tuvimos la suerte de hablar con inquietos estudiantes de arquitectura para hablar de uno de los concursos relativamente importantes, a nivel académico, del país. Sin embargo, por una especie de accidente, aquella entrevista se dañó y no pudo recuperarse.
Hoy, más que indagar en torno a aquel concurso, hemos querido hablar de esa sensación de hastío, de incertidumbre, que los estudiantes enfrentan al cursar la carrera, con esas mismas personas que hace un año se quedaron sin voz.
La primera pregunta de aquella entrevista era acerca de cómo les hizo sentir el concurso, si ser un equipo de los finalistas para ustedes significaba que ya habían llegado muy lejos. Pero, haciendo un pequeño giro ahora.
¿Cuál creen que haya sido su mayor tropiezo durante la
carrera?
Anaid: …Donde se hayan sentido más confundidos. Muchas veces, como estudiantes, nos sentimos realmente mal con la carrera e incluso pensamos en dejarla abruptamente.
Alberto: Creo yo que lo más fuerte, en donde si he dudado de seguir en la carrera, fue en sexto semestre; y… si… fue entrar en este mood de cuestionarme si de verdad quería eso, si neta me estaba llenando. Porque es eso: cuestionarse. Al final de cuentas, pasar ese proceso triste te hace entender que es lo que realmente quieres.
Binroó: Esto de sentirse insuficiente creo que es normal en la vida de cualquier estudiante. Incluso el sentir que no estás en el lugar correcto. En cuanto a mi experiencia, afortunadamente nunca he dudado de estudiar la carrera, pero si llegué a pensar que estaba muy rezagado en comparación del nivel que yo veía en mis compañeros. Pensé en darme de baja temporalmente y aprovechar para aprender y poder seguir trabajando. Ahora estoy bien, pero es eso: estás bien y bajas, y así. Es normal, creo.
Alberto: Si, creo que está bien sentirse incómodo.
Gerardo: La mayor parte del tiempo que la paso en la escuela estoy fastidiado. La arquitectura me apasiona y me confunde, me alimenta, pero… lo que se ve en la escuela rara vez es arquitectura. Y es por ello que tengo ratos malos. Pensé incluso en dejar la carrera a un año de salir. Me duele el cómo mi escuela secuestra la creatividad e impide la reflexión. No es un tropiezo, es más bien el darse cuenta, supongo.
Carolina Navarrete. ‘Sin título’. 2020. Fotografía digital. Cortesía de Carolina Navarrete.
Carolina Navarrete. ‘Sin título’. 2020. Fotografía digital. Cortesía de Carolina Navarrete.
¿Cómo se afrontan estas crisis? ¿O cómo se debería actuar ante estos tropiezos? ¿Ustedes que hicieron?
Gerardo: Pues, creo que nada. O no concretamente. O sea, es simplemente dejar que todo fluya y avanzar con el tiempo. En lo personal, siento esa duda todos los días y no me deja. Pero, me permite explorar muchas más cosas. Cuando asimilas la duda y la portas como bandera no hay nada que temer.
Alberto: Si. Suena a cliché, pero es cierto. El tiempo te da la respuesta y con eso empiezas a ver cómo va fluyendo todo.
Binroó: Bueno, pero decir nada puede mal interpretarse. Sentado, acostado, sin hacer algo, no vas a salir de la depresión y de todo eso que sientes con la carrera. Siempre tienes que confiar en ti mismo, y llenarte de conocimientos, eso sí. Eso es poco a poco. Sólo no puedes quedarte parado, pero tampoco forzarte, obligarte a hacer algo. Paciencia.
A lo largo de la carrera nos sentimos como que no damos el ancho, nos frustramos y decidimos mejor dormir que hacer un proyecto. ¿Cuántas veces han experimentado eso? ¿Es algo normal?
Gerardo: Siempre.
Alberto: Si, cada proyecto.
Binroó: Cada vez que empiezas a bocetear.
Gerardo: Bueno, en la escuela me pasa cada semestre, pero cuando hago proyectos fuera de allí todo es más orgánico. Más que frustración es compromiso. Creo que es el sistema académico el que genera este sentimiento de vacío. Todo va muy rápido y tampoco tenemos objetivos. O sea, si cada semestre nuestro objetivo es dibujar planos, sin investigar, sin descubrir la sustancia de la arquitectura, creo que siempre nos sentiremos así.
Alberto: Es parte de cualquier proceso creativo. Empezar con dudas está bien. Es lo que decía, sentirte incomodo siempre va a hacer moverte, querer salir de ahí.
Binroó: Es sano dudar de ti, es normal. Lo tenemos a cada proyecto, en cada línea, dudas hasta si hiciste una línea recta o no. Aunque bueno, hay que considerar que en la escuela solemos ser muy perfeccionistas, nos metemos mucho en los proyectos, con o sin conocimiento. Siempre se trata de ser mejor que el de al lado, e incluso somos egoístas por no querer compartir conocimiento. No es malo caer.
Gerardo: Yo dudo de eso.
Vale. Hablando de consejos. La siguiente pregunta va dirigida a esos estudiantes que van entrando a la carrera, pero que no están seguros de seguir con ella. ¿Qué les dirían a ellos?
Alberto: Que no se preocupen. Que es algo que te llega. Ya llegará el momento. Yo le diría eso: que no se preocupen.
Binroó: Eso me parece muy romántico. Y como tal no tengo algo que decir, sólo que se concentren en hacer algo. Nada les va a llegar si están sentados viendo series.
Alberto: Creo que habían dicho algo al respecto. Algo como: «mantente haciendo cosas».
Gerardo: Si. Mantenerse ocupado.
¿Experimentar?
Alberto: Ajam. Si. Eso te va a abrir el panorama.
Gerardo: Al final, todo alimenta todo.
¿Qué habilidades creen que son importantes para sobrevivir en la carrera de arquitectura?
Gerardo: Dibujar a mano, pensar en voz alta.
Alberto: Creo que es necesario saber AutoCAD, porque cuando yo empecé ni siquiera sabía lo que era. O más herramientas, como Revit, 3DsMax, etcétera.
Binroó: Saber comunicarte, expresarse, porque al final los profesores siempre quieren que defiendas tus proyectos. Y eso se defiende hablando, convenciendo.
Están a punto de salir, ¿no? Ahora que miran la carrera en perspectiva, ¿qué cambiarían de todo eso?
Alberto: A los profesores.
[Binroó ríe por un largo rato].
Alberto: Bueno, es que existe una especie de gremio entre profesores que no deja entrar a profesores más jóvenes, con ideas más frescas. O se cierran a ciertas cosas.
Gerardo: Si, la escuela está muy corrompida por el sindicato de profesores.
Alberto: Y los principales afectados somos nosotros.
[Hay un silencio extraño, más corto que la risa de Binroó].
Binroó: Creo que en los primeros semestres había materias muy similares, como repetidas. Digo, es cosa de los planes de estudio, y nadie te enseña ciertas herramientas como Revit, AutoCAD, etcétera, tienes que aprenderlo por tu cuenta. Creo que la escuela debería apoyarte en eso.
¿Algo más?
Gerardo: Yo creo que… lo que cambiaría serían los compañeros de escuela, de clase… a nosotros.
Binroó: Bueno, pues vámonos todos entonces.
Gerardo: Bueno, me refiero a la actitud que tienen, o tenemos. Es mucha indiferencia. El egoísmo es abismal. O sea, todos siempre decimos que a la escuela le falta tal o cual cosa, o que deberían cambiar ciertos aspectos, pero, ¿quiénes plantan cara para formular ese cambio? Nunca pensamos en el futuro, sólo decimos que estudiamos porque queremos un título, no porque queremos transformar la ciudad. Siempre nos quejamos de que la educación es malísima, del sistema, de los profesores, pero, no hacemos algo para cambiarlo. ¿Me entiendes? Terminamos replicando eso mismo que decimos criticar.
Alberto: Es cierto, caemos en el juego, porque muchas veces sólo decides hacer lo mínimo… porque, ¿para que esforzarse en más? Nos sentimos cómodos así.
Gerardo: ¡Educación minimalista!
Binroó: Creo que simplemente no hacemos el esfuerzo. Ya son dos horas de camino a la escuela como para todavía ponerme de guerrillero.
Carolina Navarrete. ‘Sin título’. 2020. Fotografía digital. Cortesía de Carolina Navarrete.
Carolina Navarrete. ‘Sin título’. 2020. Fotografía digital. Cortesía de Carolina Navarrete.
Haciendo paréntesis, ¿cómo han sido sus clases online? ¿Les está gustando?
Gerardo: Lo que me parece fenomenal es que ya no se gasta papel para las entregas. Todo es en .pdf, eso puede abrir muchas brechas y es más ecológico.
Alberto: Una profesora tiene planeado incorporar a más personalidades. Es algo que presencialmente no podría hacerse. Tener pláticas con gente que hace cosas en otros países, por ejemplo.
Binroó: Creo que el aspecto negativo es que las escuelas no tienen la estructura para esto. Todo ha sido muy improvisado. Y además no tenemos disciplina. Tenemos clases en Zoom desde nuestra cama. Como promesa está muy chido, pero es cosa de trabajarlo.
Anaid: Ha traído muchas cosas buenas, pero también evidencia otras, ¿no? Algunos profesores no daban clase, pero llegaban el ultimo día a la entrega. En fin.
Por último, tres preguntas rápidas. ¿Les parece? Va la primera: ¿un arquitecto nace o se hace?
Gerardo: Se descubre.
Alberto: Se hace.
Binroó: Creo que ambas posibilidades [nacer y hacer] son correctas.
¿Cuál es el mejor estilo arquitectónico y cuál es el peor?
Binroó: El gótico es el que me parece más interesante.
Gerardo: Creo que caer en la tipificación de estilos es errática. No podemos calificar la arquitectura del pasado, por ejemplo, con ojos del presente. Pero, si creo que la manera en que se producen los supermercados es aberrante. Muy como Las Vegas.
Alberto: Mi respuesta es nula. Creo que no puedo decir mucho al respecto.
¿Cuál creen que es el desafío actual que tiene la arquitectura?
Alberto: Creo que últimamente estamos haciendo arquitectura para arquitectos, no para las personas… para la sociedad. Creo que el reto es ese, que los arquitectos nos preocupemos más por aportar que por presumirle a otros arquitectos.
Gerardo: Creo que el reto es más de las academias. El de formar arquitectos reflexivos, de calidad, que planten cara a los problemas del futuro o los que ya vivimos: la sobrepoblación, el crecimiento urbano desmesurado, la marginación, la contaminación, y que realmente hagan arquitectura con sustancia pensando en la gente. Hay demasiados arquitectos y estudiantes más preocupados por el Instagram y las publicaciones o los premios que en repensar la ciudad, que en producir conocimiento.
Alberto: Si. Preparar a los arquitectos para lo que viene, porque no forma parte actualmente de la agenda académica.
Gerardo: La academia tiene los recursos para experimentar, reflexionar, formar lenguaje e identidad critica en los arquitectos, pero no lo está haciendo. Sólo estamos reproduciendo modelos que ya fueron explorados o que ya son caducos. Sólo estamos copiando.
Alberto, Binroó y Gerardo fueron finalistas del Premio Nacional del Acero para Estudiantes de Arquitectura 2019. Estudian ellos en el Instituto Politécnico Nacional. Y esperan ya terminar la carrera este año.
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