Gerardo Buendía.
Sin título. 2022. Fotografía digital.

Me diste un beso, 
uno del que no escribí
hasta ahora.
Porque fue de esos 
que recuerda uno a cada hora.

Me diste un beso.
Y sentí que me besabas  
no solo por hoy 
sino por todos los mañanas. 

Me besaste con sutileza.
Como susurrándome al odio.
Como acariciándome los labios.
Como pensando en el olvido.  

Me diste muchos besos 
en mis mejillas y mi cuello.
Como si fuera más que solo eso:
dos desconocidos en un beso. 

Me besaste.
Nos besamos.
Fuimos beso.
Beso que tuvo miedo 
de ser descarado,
de ser atrevido,
o de ser
«solo eso». 

Nada más simple  
que un par de besos 
para volver a la mente.
Una cadena de sueños.
Sueños cotidianos
donde estamos bailando,
mirando una peli abrazaditos.
O donde estamos cocinando. 

Sólo bastan de un par de besos
para llenarme de ganas
de pasar mis domingos con vos
acurrucados en la cama.

No sé para que publico, de todas formas no ves mis indirectas.

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