Cuando llega el fin del día
suena un jazz que improvisa
cientos de acordes que riman
con mis delirios de escriba.
Una onírica estampida
de equinos y felinas
que al unísono palpitan
bombos de una melodía:
Como la oruga y su pipa,
fumo el alma de la vida.
Como un rezo en la mezquita,
elevo mi eco hacia la cima.
Bebo licor de frenesí
sobre mi sombra de arlequín:
Do, re, mi sobre el atril
y entro a mi cicatriz:
Soy el vuelo del colibrí,
viajo en su onírico matiz;
un mantra como camino
y el vacío como destino.
Bailan las notas mezquinas
al son de esta algarabía.
Trompetas en las esquinas
vomitan mares de avispas.
Bataholas encendidas
viajan dentro de mi espina
y espermas de caos y dicha
cuentan mi cosmogonía:
Cuando llega el fin del día
suena un jazz que improvisa
cientos de acordes que riman
con mis delirios de escriba.