2021-055

Moisés Álvarez.
Supervisión externa. 2018. Fotografía digital.

En la sala de interrogatorio estaba la detective Chávez y el famoso escritor Daniel Zepeda. Ella estaba de pie, dando vueltas por la habitación, analizando de lejos al hombre misterioso que escribía historias sobre asesinatos bastante peculiares.  

—¿Sabe por qué está aquí? —inquirió la detective.   

—Supongo que por algo más que evadir impuestos. 

—¡Que chistoso! —se sentó frente a él—. Quizá se le espante el humor cuando le diga que es el principal sospechoso del asesinato de Ana Sofía García Velázquez. 

Daniel guardó silencio. No había escuchado ese nombre, pero sabía que quizá en su siguiente brinco lo conocería. 

La muerte no trabaja sola, es el título de su primer libro —expuso la detective mientras señalaba el libro que tenía en la mano—. Podría decirme, ¿de qué trata? 

—Es un libro de 17 relatos, todos protagonizados por Diego Vargas, un asesino serial — respondió, tranquilo. 

—Estos relatos, ¿tendrán algún parecido con la realidad? —inquirió de nuevo.

—¿Está insinuando algo detective? —respondió, intimidando con la mirada a la mujer que tenía enfrente. 

La detective, acostumbrada a ese tipo de provocaciones, sólo tomó aire y procedió con un mejor ataque. 

—Encontraron el cuerpo de Ana Sofía García Velázquez enterrado en el bosque. Causa de muerte: cuatro puñaladas distribuidas en el tórax. El arma estaba enterrada junto a ella, un cuchillo de mango rojo con detalles plateados, ¿le suena de algo?

—No, no me suena de nada. 

—Mmm… Quizá esto le refresque la memoria —abrió el libro y comenzó a leer—: «Tomó el cuchillo que encontró en la cocina de Sofía. Era rojo con el filo plateado, y ahí, con esa expresión de terror en el rostro, los ojos cerrados, implorando piedad, Diego le clavó el arma en el pecho, una, dos, tres, cuatro veces hasta que ella dejó de gritar» —cerró el libro y miró a Daniel—. ¿Reconoce el fragmento? 

—Ese libro fue publicado en 2013. Han pasado 8 años —levantó la mirada—. He escrito otros 50 textos, ¿en serio cree que recuerdo cada maldito detalle? —la retó. 

En realidad, no tenía idea, no por las razones que mencionó, sino porque él aún no lo había escrito, es más, ni si quiera sabía que tanto contaba en ese, y los otros dos libros publicados que tenía.  

Daniel apenas había descubierto la magia del tiempo, y en unos minutos comenzaría el viaje que lo llevaría a tener a su versión más vieja en 2013, y a la más joven en 2052. 

—¿Usted asesinó a Ana Sofía García? 

—No —era la verdad, ahora sabía que iba a hacerlo, y lo mejor, sabía cómo—. Entonces, ¿por qué su libro relata cada detalle de su asesinato? 

—Porque yo la asesinaré —confesó mientras se ponía de pie. 

—¿Perdón? —la detective cada vez se confundía más. Lo que tenía enfrente era claramente un hombre completamente loco. 

Daniel guardó silencio, no estaba seguro de si debía explicarlo, lo mejor no era que el mundo supiera la verdad. Eso que él sabía que pasaría. No estaba bien que arruinara todo, ni siquiera estaba seguro de lo que tenía que hacer. Recordó la escena que vivió 4 horas atrás, cuando su vida no era tan complicada. 

Era 2052, un hombre tocó a su puerta, era él, sólo que con un par de arrugas y una barba bastante descuidada. Le dio los tres libros de su autoría, y le pidió que cometiera cada uno de los crímenes ahí escritos, de lo contrario no podrían evitar el desastre que sucedería en 2063. Después le puso una pulsera de plata en la muñeca, apretó un botón y lo último que escuchó fue que llegaría a 2021. 

Apareció en la sala de una casa vacía, y como su versión del futuro había dicho, era 2021. Le pareció gracioso, estaba treinta años en el pasado, diez antes de su nacimiento. Chistoso que al parecer vivió más antes de haber nacido, que después.

—¡Responda! —el grito de la detective lo devolvió a la realidad. 

—Tengo un secreto —susurró. 

—¿Qué es? —lo miró, retadora.  

—Yo… —miró alrededor, cerró los ojos y exclamó—. Puedo viajar en el tiempo. 

De pronto, en la habitación sólo quedó la detective Chávez, con el libro en mano y con más preguntas que respuestas.  

El caso estaba resuelto, tenía un culpable, sí, estaba libre, pero lo tenía. Además, toda la verdad estaba escrita en el libro, el libro que relataba la muerte de otras 16 personas. Daniel había confesado que había otros 50 textos, lo más probable, otras 50 víctimas. Algunos asesinatos ya habían pasado. Habría que leer para averiguarlo, quizá algunos de sus casos sin concluir tendrían por fin una respuesta. De todas formas, otros de los tantos asesinatos aún no sucedían, pero, con el futuro escrito, un poco de suerte y la línea de tiempo adecuada, ¿podría evitarlos?

No sé para que publico, de todas formas no ves mis indirectas.

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