Gerardo Buendía.
Sin título. 2022. Fotografía análoga.

Cambié porque quería ser la mujer ideal para ti. Me juré no dejarte ir. Me juré que haría todo lo que estuviera en mis manos para que tú me quisieras como yo te quería. Dejé a un lado lo que más amaba, dejé a un lado mis ideales, mi forma de pensar, mis sueños; dejé de lado todo lo que era, dejé de respetarme. Me convertí en la chica divertida que creí te gustaría, en la chica atrevida, en la chica loca de un viernes por la noche. Arruiné mi cuerpo, me puse en vergüenza; me arreglé como si fuera una mujer descompuesta. 

Hiciste lo que quisiste conmigo, con mi cuerpo. Pensé que, por fin, había logrado que me vieras con el cariño con el que yo te veía. Pensé que me querías por los sacrificios que había hecho por ti, pero me equivoqué, como de costumbre.

Me abandonaste. Me abandonaste como a un perro cuando lo dejan en la calle. Me abandonaste por irte con esa otra mujer: la mujer que no tuvo que cambiar, la mujer que no hizo ningún sacrificio, la mujer que era idéntica a la que yo una vez fui; la mujer guapa que no dejó ir su esencia por un hombre.

—Entre nosotros nunca hubo nada —tus palabras crudas me dolían.

Tomada de su mano, pareces tan feliz como hubiera querido que fueras conmigo. Te vas con la mujer que era lo que yo había sido en algún momento. ¿Por qué la elegiste a ella si yo fui igual una vez? La respuesta era sencilla: ella nunca sería tan tonta para ser como yo.

No sé para que publico, de todas formas no ves mis indirectas.

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