Gerardo Buendía.
Sin título. 2025. Fotografía digital.

Hoy lloré y lo hice como un niño con una pérdida enorme en su corazón; y tan lejos de eso
no me encuentro, las demás partidas no son otra cosa más que la extensión de la primera.
Ella, que hoy se va y me hace llorar, fue mi primer amor, aquella a quien amé con todo mi
ser, aun sin saber cómo se hace; mucho menos el porqué.

¿Por qué se ama?

Hoy lloré y disfruté hacerlo porque es una evidencia de que la vida sigue dentro de mí, a
pesar de sentirme muerto. Mi llanto fue el de un animal herido por años y años de contener
sus lamentos, de reprimirse; de no permitirse ahondar más allá de lo innecesariamente
externo.

Hoy lloré y en mis lágrimas había mucho de ti; esas gotitas de agua que enjuagaban mi
rostro sabían a sal, como tu sudor después del sexo. Ya no recuerdo el sonido de tu voz y
qué bueno, porque era espantosa, pero ¡cómo amaba escucharla! Espero que, así como tu
voz es menos que un recuerdo, mi llanto se lleve todo lo demás que aún existe dentro de mí.

Que en mis sueños ya no tengas cabida, mucho menos en mis pensamientos, y que la
palabra independencia se vuelva nuestro credo.

Hoy lloré y ya no podré dejar de hacerlo porque en ese profano acto se encuentra el
remedio de mis males: sentir, y pensar un poco menos, o por lo menos que lo segundo no se
vuelva impedimento de lo primero.

Llorar es sentir, sentir es llorar; sentir llorando, llorar sintiendo.


No sé para que publico, de todas formas no ves mis indirectas.

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