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Gerardo Buendía. 'Diciembre'. 2020. Fotografía digital.

Has tenido noches en las que besas a la luna,
y te duermes casi por obligación,
te toca ver amanecer al sol
y se saludan como viejos amigos.

Le sonríes a las nubes asomándose a un cielo anaranjado:
«Hoy yo estuve aquí primero. Hoy vencí».
Te vas a acostar con los ojos manchados,
la sonrisa puesta,
el vestido también.

 Te sientes diosa,

                 te sientes eterna,

                                        te sientes milagro.

Y hay noches que velas desde tu cuarto,
esas noches amargas y espesas,
noches negras que amanecen contigo perdida,
mirada y mente hoy sin rumbo,
esperando que mañana, cuando sea que eso pase,
te dé una oportunidad de sentirte, si no bien, mejor.

En esas noches no saludas ni a la vida, ni a la luna,
te han fallado hoy.
Pero, quiero decirte, querida,
que esas noches sudorosas y eternas,
también son tuyas.
te pertenecen,
tanto como tu cuerpo cuando sigue siendo tuyo en la enfermedad.

Sigues siendo tú.
aunque compleja,
aunque amarga,
aunque por hoy, pequeña.
Aún en esas noches largas y feas,
sigues siendo tú.

Sigues existiendo tanto como antes,
sigue siendo tu noche tanto como las demás,
incluso más.
Todas las noches,
y toda esta vida te pertenecen, bonita,
aunque estés perdida,
vagabunda y adolorida;
aunque no quisieras existir,
aunque ya no quieras más.
Tenemos más vida, y más noches para celebrar,
mi vida, la tuya y la de los demás.

Eres tuya, de nada ni de nadie más.
Aún en la noche más turbia
eres lluvia,
eres diosa,
eres eterna y milagrosa.

(Siempre tuya.
Tuya.
Tuya).

No sé para que publico, de todas formas no ves mis indirectas.

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