Gerardo Buendía.
Sin título. 2025. Fotografía digital.

Estoy roto, roto está mi pasado; lo conforma el instante;
amando desde ese quebranto
la otredad
de un cuerpo   exhumado, hecho de piedra, busca una voz cálida
bajo la niebla de mi aura de drogadicto triste.
Expongo tanto mi intimidad [en el proceso];
pienso en voz alta [mi propio escape], sin embargo,
(resulta ser un personaje envuelto en látex derretido, acumula sus lágrimas en un jarrón de PET, sabe a Old Fashioned con pintura roja disecada),
pero aquí llevo mi epitafio escrito (a mano, claro, tiene forma de poema)
[espero no me nombren nunca, que si me ven en la ciudad solo que sepan que aquí sigo],
regresa [y me seduce el exilio]; es el suave gesto, me atrapa: que todos vean que disfruto lo imaginario, lo clandestino,
es decir, me enamoro
de la belleza
de las cosas que se van o nunca han sido.
Es mi codicia, al fin y al cabo, mi destino. Deja que fluya, deja que siga.
[Olvida].
Finalmente,
para sonreír esa es la guía: concatenación de fortunas, se almacenan junto a la cama. Así será cada que vuelva: el beso contenido bajo el portal. La vez que me dijiste que me fuera, mi familia en la sala, la alerta Amber, la casa en llamas; mientras tanto yo con un encendedor iluminando la curva de una cuchara de aluminio gris, contándole a mis amigos la vez que casi caigo de un espectacular.


No sé para que publico, de todas formas no ves mis indirectas.

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