Trece pesos gasté pa’ mi viaje
sin saber porque todo pasó velozmente.
Nunca me dieron el cambio.
Me perdí solamente
entre las capas de polvo
buscando una cura.
Quise hacerme un tatuaje, claro,
sobre la cicatriz que hizo el tiempo
en mi mano.
Una colección de flores quemadas
a la orilla del lago,
pero en collage
de objetos raros recortados
encima de un monte de aserrín.
Me quedarán aún un par de horas
para recuperar esas vidas perdidas
que usé para amar esas reliquias fugaces.
(Allí puse mi anhelo).
Tantos besos que di para naufragar
en la cima del volcán, por ejemplo;
tantas palabras de una noche,
se arrinconan ahora
en alguna parte de mi.
Me llaman. Busca un escape.
Me veo. Hay un camino a lo lejos.
Veo en la luz un anuncio.
Cariño, tiene tu nombre.