Qué abstractas son las playlist,
que recobran su sentido en el sinsentido de su justificación,
que reconfiguran el paisaje
con su invisible arquitectura.
Qué abstractas son las canciones agrupadas que resignifican la premura
de lo ordinario,
del olvido,
de la ternura y del encuentro
cuando,
aun siendo identidad de ruptura
y de encanto, por ejemplo,
se muestran despersonalizadas, desposeídas de su origen,
volcadas
a transmutar las vueltas que contienen
para atestiguar el delirio ajeno.
(A veces fantasmales, sin embargo, a veces diario, a veces documental de tragedias,
a veces marcos del lenguaje
donde la palabra se rehúye y otras veces de rehace.
A veces desaire contenido entre tormentas. A veces, horizonte humeante, presagio y declaración de amor.
A veces preludio, a veces epitafio, a veces llanto, a veces la promesa de empezar de nuevo.
A veces, vagabundo deseo, escritura nerviosa, estructura y casa.
A veces copia de seguridad o premonición ansiosa.
A veces simplemente ensoñación mutua,
voz desnuda sobre la cama en llamas.
A veces utopía. A veces espejo, a veces espera,
laberinto y cobijo en un estrecho baile.
A veces el beso lento
que nos recuerda porqué estamos aquí).