Gerardo Buendía.
Sin título. 2023. Fotografía digital.

[Segundo 1]

De nada sirve tu grito, artista vacuo,
ni tu estruendoso arte abigarrado, casi crudo.
La ciudad te ha adoptado como la noche al eco
(estremecedora estirpe,    no cabe en un poema largo)
espesa sombra, sobre el estante habla. Aún no define su relato, todavía se mira en el espejo.
Mañana se subastará.
Dinero como acto mágico. Es la vanguardia:
creatividad a cambio de niños muertos.

La adrenalina en torno del bullicio;
llora alguien, conmoción antepuesta, casi puede tocarse                            el elixir de los inmortales.
A veces cansa el elogio.
Pero, oye, ese es el precio    de vivir en la mirada
de quien anhela acariciar la lumbre;
éxito seguro, por supuesto,                        un nuevo departamento, un nuevo coche.
Suena como sirven el vino blanco en esas copas.
Hablarán de quebranto. Así camuflarán el olor a sexo. 

 

[Segundo 2]

Reliquia de un circo itinerante, lleva correa
de plástico bañado en oro.
El plato de cartón junto al baño                               tiene su nombre.
Alrededor anuncios también lo llaman.

 

[Segundo 3]

El arte aburguesa tanto como corrompe, le dijeron.
Rompe las fibras más duras apenas llueva, le aconsejaron.
Quebró sus lamentos, los juntó todos, sin pedir permiso,
apareció después un cuerpo                      sin alma.

Lloró. Sedujo. Rompió y quemó sus voces tantas veces.
Pensó que al producir objetos curaría su materia                                           o sería ejemplo.
Nihilismo desechable. Apenas se encendió la antorcha;               casa ajena, ahí se puede pasar la noche.
Nadie apagó el micrófono al terminar el acto, continuó hablando tras bambalinas de su vida.
Un disfraz. Usado un día antes de su cumpleaños. Lo compró en febrero del año pasado.
Sólo ellos saben que lo usó también para su boda.


[Segundo 4]

No es lo mismo decir que alguien murió en la playa
a decir que alguien ahogó su sueño
y se vistió luego con las olas que deambulaban alrededor.


[Segundo 5]

Vende su obra. Tan pronto como puede, olvida a su madre.
Ha nacido un soldado, fiel, por cierto;
máquina de polvo sobre hojuelas, sirve al despojo;
eternidad abnegada, paradisiaca silueta                              se posa frente a esas estatuas;
en su masa converge miseria sin usar, lo ha visto todo,
se adorna con palos de yeso.
Contrato firmado. Herencia, por supuesto.
No obstante, buena vida. 

 

[Segundo 6]

Poverty. Porn. Streets and sunshine. Clouds of unknowing. She told me.
They said I was the greatest.
Now they don’t know who I’m.
I grew up. That stairs, it is below me. And it’s raining inside.
Never forget this picture. Above all, grain and blur. This is the prelude of the palace.
All of them will pay. Meanwhile people will remember their names.
I’m blue.

 

[Segundo 7]

Galerías por todas partes, códigos de barras en cada objeto.
Dulces condenas, fugaces ritmos,
orgasmos artificiales. Luego aplausos.
Cual instantes                  
bajo la arena, se deslizan las columnas
de melamina forrada.
En la pared un cuadro:
la cabeza de un venado. Decreto del artista.
Todavía no le avisan al curador. Alguien más escribirá al respecto.

No sé para que publico, de todas formas no ves mis indirectas.

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