
Carta a Cecilia
Últimamente he sentido tu presencia. Y cómo te has envuelto en tu piel. A veces fría, a veces caliente. Rasposa, tersa. He percibido tu continuo encierro. Y tus manos nerviosas, hartas de ser lavadas una y otra vez, las uñas que nomás no dejas crecer y el vello que a veces te gusta, y otras no. He devorado tus pensamientos pegajosos, y cómo se enciman, se enredan entre sí y se vuelven sombras. He oído tu grito confinado, que se




























